En 1931, con la República, toma cuerpo la idea de reparar la tabla rasa que la monarquía había hecho sobre mosaico de identidades de nuestro país. La Constitución que se elabora crea la posibilidad de un “café para todos” con el que se intenta integrar a las regiones con una personalidad identitaria bien definida, con otras sin una tradición de “hechos diferenciales”.
Modesto ya había participado en los intentos de las dos primeras décadas del siglo XX de crear un movimiento regionalista, de hecho firma como secretario del Ayuntamiento de Peraleda de la Mata, la respuesta de este a la encuesta regional de 1918 sobre el Fomento de la Región Extremeña. Por ello, cuando desde diversos estamentos y asociaciones de Badajoz se crea en Julio de 1931 la Comisión Pro-Estatuto se le invita a participar en sus actividades, como refleja el documento anterior.
Para la ocasión pronuncia el discurso que se transcribe a continuación. Por desgracia se ha perdido un pequeño trozo de su parte final, que corresponde al último punto del guion del discurso que puede verse aquí:
Discurso de Badajoz
En primer termino, un saludo pleno de cordialidad y efusión, en nombre de los hermanos del septentrión de la alta Extremadura, de la tierra de los vettones, donde una leyenda local pone el sepulcro de Viriato.
Y hago en primer lugar la ofrenda de este saludo, porque el hecho de ocupar yo este sitio no tiene otra justificación que el realizar un acto de fraternidad con los hermanos de Badajoz, fraternización que habrá que intensificar, dándose de pleno el corazón, si queremos que la empresa del robustecimiento de la personalidad extremeña tenga lucida floración y fructifique sazonada y abundante.
Y digo que hay que intensificar estos actos de fraternización, porque no podemos olvidar que entre las dos provincias hermanas existen sombras de desvíos y recelos, al igual que vemos sombras entibiadoras del afecto entre hermanos por una cuestión de intereses o de buen o mala ventura en las luchas de la vida. Y si hemos de atender a da realidad no podemos descuidar esta parte afectiva, ya que pudiera no encontrarse la unanimidad de pensar y de sentir en el momento de tener que presentar nuestra personalidad como base de la reclamación de nuestras aspiraciones autonómicas.
Por eso he venido yo aquí, aun sin poder ostentar ninguna clase de representación, porque entendía que para venir a llamar a la puerta de los hermanos bastaba el serlo y que seguramente el más humilde de todos había de ser al que mas pronto se la abrieran esa puertas, ya que en esta tierra castúa de los hondos sentires no hay voz como la del corazón. Y el mio, hermanos de Badajoz, viene a darse por entero, henchido de un sentimiento que cala hasta lo mas hondo de mi alma y que se concreta en una sola palabra: Extremadura.
---
España está en un momento culminante de su historia; e1 más culminante quizás desde que los Reyes Católicos forjan el broche de su unidad política. Se está fraguando una nueva estructuración.
No he de repetir conceptos de todos conocidos; no he de hacer citas históricas traídas y llevadas; con unos u otros razonamientos, haciendo la critica de una u otras causas históricas -critica que yo va hice más mal o más bien-, lo cierto es que hoy constituye un hecho generalmente admitido de que, error histórico o no, el centralismo cumplió en España su misión histórica y que, por lo tanto, estamos asistiendo a su liquidación como sistema político. |
Yo, señores, soy un convencido, más que eso, un obsesionado, permitidme la frase, de que el centralismo, el unitarismo a ultranza, creó un Estado artificioso contrario por completo a la naturaleza de España y que esa es la causa de las causas de nuestra decadencia, Esta concepción ha constituido y constituye mi honda preocupación, Tema y preocupación sobra los que me he ocupado en la prensa y no he de insistir en mis puntos de vista.
Pero hay aun muchos para quienes es también obsesión la idea de la unidad absoluta, para quienes tiene acentos de tragedia la sola palabra regionalismo, porque, en su obsesión, no establecen diferencia alguna entre este concepto y separatismo,
Y en sus oídos resuenan conturbándoles los truenos apocalípticos del maestro Unamuno y las serenas condenaciones del gran Menéndez Pidal; ambos venerables y venerados, espíritus cumbres atormentados con dolor de alma ante lo que ellos creen inminente ruina de la España del siglo de oro, con el alcázar glorioso, las campanas de cuyas torres de milagro esparcieron por el mundo la sublime armonía de la lengua de Cervantes y Teresa de Jesus.
Estas imprecaciones tienen como es natural que hacer honda impresión en nuestro espíritu y poner zozobra en nuestra convicción.
¿Es que los que pedimos un ambiente de mayor libertad para las distintas regiones hemos entibiado nuestro amor a la patria grande? ¿Es que por el hecho de querer que en el mapa se acusen con mas intensidad los colores de las divisiones regionales que el desvaído de la distribución administrativa queremos rasgar el Mapa Y hacer jirones de la España de las inmarcesibles glorias? NO. Lo queremos es que el cuadro tenga la debida fuerza de colorido, el estilo acusado y propio de una personalidad inconfundible y robusta. (1)
Separemos la vida local de la nacional y entreguemos esa vida local a los que tienen que vivirla, a fin de que tomen en sus propias manos su propio destino y que aprendan a ser rectores de él y responsables. Pero ni el Municipio ni la Provincia tienen área bastante amplia para que en ellos se susciten corrientes de dinamismo político para que en ella acometan empresas de el rango que arranquen al rural de su angosto hermetismo, que le interesen en temas más ricos y más amplios que aquellos de que se urde su misera existencia; esos problemas no están inscritos en los breves círculos del Municipio y la Provincia, sino que trasciende de ellos y se extiende sobre ingentes comarcas, cuyos límites, si los estudiamos, resultan coincidir con la figura de las regiones tradicionales. Esta coincidencia, sin embargo, para mi es de un interés secundario, yo no pido la organización de España en regiones por razones de pretérito, sino por razones de futuro. Pero es siempre una riqueza más, un aliento más que cuando prepare el futuro lo encuentre ya preformado en el pasado.
»Yo imagino una España constituida en grandes unidades regionales, cada cual con su Gobierno local y con su asamblea comarcana. En
esa muchedumbre de asambleas comarcanas habrá de movilizarse un numero crecido de hombres que aprender en ellas responsabilidad política y el sentido de los negocios públicos; de esos hombres así movilizados se seleccionarán los más capaces para el Gobierno local y entre estos surgirán aquellos de dotes superlativas que vayan formando esas reservas de estadistas adiestrados sin los cuales la vida de todo Estado actual es demasiado azarosa.
Vemos pues que el ideal regionalista puede ser y es perfectamente unitaristas.(2)
Un gran patricio, patricio por excelencia, el primero y principal
propulsor del movimiento nacional que diera vida a la actual República, Costa,el león de Graus, dice en su trabajo sobre Viriato, coleccionado en el libro titulado Tutela de Pueblos en la Historia: “Nos representamos a Roma como luchando con una nación, Hispania -en la guerra Viriática- y con una clase única de gentes, los hispanos; cuando la verdad es que ni existía España, sino un continente en miniatura, con mas soberanías y mas divididas y contrarias entre sí que al presente el continente europeo”
“La realidad de estas personalidades diferenciales debió ya imponerse a los romanos, que la consagraron con la división establecida por ellos en España; y si bien la unidad política se consagra durante parte de la dominación de los godos, viene después durante ocho siglos el fraccionamiento en que se
y encuentra durante la invasión musulmana. Cambó. Por la Concordia.
Mendez y Pelayo proclama la interna fecundidad que da a España el hecho de tener leguas, artes y temperamentos diversos.
Y sin embargo la diferencia esencial entre los núcleos raciales no destruye el hecho de una unidad geográfica cuya trascendencia política han venido acentuando unos siglos dé historia común sincera y efusivamente compartidas. Cambó. ES decir, que la realidad hispánica es un hecho definitivo. Quien proclama esa realidad hispánica debía proclamar también la unidad nacional hispana, pero eso sería destruir en sus propios fundamentos toda la doctrina de Prat de la Riva, fundamento y esencia del catalanismo.
Nosotros la proclamamos. Esa unidad geográfica proclamada por todos tenía en definitiva que producir una unidad política, Y ya vemos que los romanos a pesar de la división en Lusitania, Bética y Tarraconense nos hablan siempre de España. Vemos producirse la unidad en cuanto el imperio godo adquiere plena consolidación. Y vemos producirse la unidad en cuanto los Estados cristianos llegan a la coronación completa de su poderío.
Y no es que nosotros admitamos la teoría de la escuela geográfica en cuanto a la formación de las nacionalidades, que llega hasta el absurdo de decir que la nacionalidad es una cuenca hidrográfica. Ni la teoría antropológica con su definición: la nacionalidad es una raza. Ni la nacionalidad es el derecho, ni la lengua, ni el carácter, ni la conciencia publica,. La nacionalidad es una unidad de cultura, de civilización; un principio espiritual, un ambiente moral -fruto de todos los elementos antes dichos, tierra, raza, lengua, derecho, carácter, conciencia publica etc.- que se apodera de los hombres y los penetra y los moldea y trabaja desde que nacen hasta que mueren. Pero además es necesario que para que una nacionalidad adquiera el rango que es imprescindible para que su personalidad moral tensa el imprescindible destaque en el concierto de la vida de los pueblos, es necesario, decimos, que su unidad de civilización tenga universalidad, catolicidad, imperialidad, fuerza de civilización que rebosa de sí para extenderse sobre los demás.
Estáis viendo que me valgo para mi tesis de los conceptos de Prat de la Riva y hasta de sus mismas palabras, si bien yo no me rindo por completo a su teoría, aun reconociendo que quizá nadie como él estudiara en España la doctrina de las nacionalidades, Y no hemos de discurrir sobre esto, porque son cuestiones científicas en las que yo no estoy capacitado y que tampoco pueden ser objeto una conferencia.
Pues bien, aun admitiendo en todos sus términos la definición de de nacionalidad que concluye Prat de la Riva para la creación de la nacionalidad catalana -como nacionalidad plena- veremos que de esa definición solo surge una nacionalidad en nuestro suelo: Hispania. Y he dicho que Prat de la Riva y concluye su definición pasa la creación de a nacionalidad catalana, porque sin el cerebro portentoso y la soberana elocuencia expositiva de Prat, elocuencia de apóstol que arrastra -!y cuan poco se acuerdan de él en esta hora los catalanes triunfantes!- esa nacionalidad eje de todas sus reivindicaciones no existiría.
Unidad de cultura, de civilización, universalizada, catolizada, imperializada, solo España. A pesar de las diferenciales geográficas, de las distinta proporcionalidad en la distribución de los estratos etnográficos, de las diferencias de lengua, de derecho, profundizando siempre encontraremos el granito primitivo de la raza.
Pero a más de eso también encontraremos,siempre,el sedimento de nuestra romanización, que a partir de Augusto se extiende como un manto por todo el solar ibérico. Y aunque el espesor de ese manto no sen perfectamente igual en toda su extensión y existan algunas diferencias en la intensidad de la romanización, ese sedimento base principal de nuestra civilización y que resiste a las influencias germánica y semita, es el terreno fecundo sobre el
que florecen y fructifican todos los elementos de la nacionalidad: inoculación de sangre latina que modifica la etnos ibérica, transformaciones de su lengua para dar lugar a nuestras lenguas, evolución de su derecho para dar lugar a nuestro derecho e impresión de su carácter de una manera casi absoluta en las artes y donación total de su ciencia, Poned sobre este manto las sucesivas sedimentaciones germánica y semítica principalmente y estas nos causaran diferenciaciones pero sin perderse ni en un palmo la anterior unidad. Por eso Rovira y Virgili apela también a la intensidad de la romanización en favor de la diferencialidad catalana, pero es una razón de tan poco peso que no sirve más que para afirmar las diversidades,vero no para fundamentar una nacionalidad catalana.
Pero es que hay otro elemento prístino de la espiritualidad que coincide con nuestra romanización y que es otra fuerza permanente de unidad: el cristianismo. El sentimiento religioso es la sangre de los espíritus, que hermana y funde con fuego de caridad.
La división durante los ocho siglos de la invasión sarracena,
no es una consecuencia de la naturaleza de la nacionalidad, es simplemente una consecuencia del hecho histórico y por consiguiente es circunstancial.
Rota la unidad política del imperio visigodo en Guadalete surge la reconquista por brotes y cada uno de esos brotes produce un Estado, Pero esto es debido a las circunstancias geográficas con relación al momento histórico; mas esos brotes son yemas de la misma savia y del mismo tronco.
Y cuando los dos grandes Estados cristianos de la península llegan a la coronación de su poderío se reproduce la unión; unión que no es un pacto internacional, pues su perfeccionamiento se consagra en un sacramento con el ayuntamiento indisoluble de dos príncipes, porque entonces los principies eran la encarnación genuina de los pueblos. Y de tal modo esa unión la hacía imperiosa la naturaleza, que por ella se justifica el caso mayor de ilegitimidad en la sucesión de un trono que registre nuestra historia, cual es la de la gran reina Isabel en el trono de Castilla.
Y vemos que cuando esa: unión se realiza surge la gran universalidad de la nacionalidad hispana y para el imperialismo de su cultura y de su potente espiritualidad no es suficiente Europa y crea un continente nuevo.
Si, no puede negarse la unidad de la nacionalidad hispana. Pero también es cierto que España no es solo Castilla. Del estudio de la unidad de la nacionalidad hispana, aparece la diversidad) las distintas facetas de su naturaleza, la regionalidad.
Es duro y amargo, dice Gaciel, para los intelectuales castellanos haber dedicado la vida entera a estudiar el alma de su tierra; haber gustado hasta la embriaguez el legitimo orgullo de identificar a España con Castilla; participar de uno de los mas vastos imperios espirituales del mundo. Y luego para tener que resignarse a que todo eso no sea, no pueda ser más, en adelante, que uno de los cachos de España, de otra España todavía confusa y
diversa, en que la inmensa Castilla histórica es tan solo una parte integrante de una más vasta realidad.
No son los anteriores periodos, alarde estúpido de erudición barata, ya que ni aun esa poseo, Si no que es necesario que meditemos detenida y sanamente sobre estas cuestiones, para fijar de una manera clara los conceptos, ya que es frecuente hablar de regionalismo, de separatismo, de unidad nacional y demás puntos fundamentales, sin tener sentido claro y preciso de los términos y por lo tanto sin tener ideas perfectamente formadas sobre un problema de inaplazable solución en este momento histórico.
Y al tratar nosotros de abordar, también , el problema de nuestra propia regionalidad, es necesario que fijemos el concepto de nuestro regionalismo, para poder fijar su dependencia de la nacionalidad y por ende su articulación en la soberanía del gran Estado. Fijar este concepto es esencial, imprescindible, antes de emprender el camino de la regionalidad.
Y voy a exponer mi criterio, sin otra pretensión que el que pueda servir como punto de meditación, de la misma manera que a ese fin, expuse las ideas anteriores, porque sin concepto claro de la nacionalidad no podremos formar el de nuestra regionalidad.
Yo señores he dedicado muchas vigilias a meditar sobre este problema, sirviéndome de los medios de estudio - muy escasos por cierto - que he podido tener a meno. De esas meditaciones yo he sacado un concepto claro del regionalismo y una convicción firme. Claro que la palabra regionalismo, tomada en su estricto sentido, no tiene más que una extensión. La extensión autonomista. El autonomismo supone diferenciación,personalidad moral, pero
de una unidad fundamental. Es decir, unidad y diversidad.
Conviene que en este punto nos detengamos, aunque sea brevísimamente –el tema no se agotaría ni en varias conferencias-, si queremos fijar el concepto con alguna precisión; Nos encontramos ante el principio de la armonía de la unidad y la variedad, que se articula en la teoría orgánica de das sociedades y que se concreta en la equiparación de la sociedad con un ser orgánico y de sus grandes divisiones internas con los aparatos orgánicos y llega a la fórmula gráfica de los círculos concéntricos, previa la aplicación de la doctrina de las personas morales a las políticas y administrativas, siguiendo la gradación de la familia al Municipio, a la comarca, a la región, a la Nación, hasta perderse en la humanidad. Cada sociedad de estas es una persona y cada persona tiene su derecho.
Teoría que llega al sistema particularista de Almirall con el Estado compuesto, formado de Estados pequeños asociados o federados, con una soberanía propia para la vida interna de cada uno y soberanía delegada para la representación exterior, guerra, marina etc.
No es esa nuestra concepción, ni es esa la formula que se acomoda a la naturaleza nacional. Prat, con su lógica formidable, la destruye y aprovecha su antinomia para la construcción de su nacionalismo. Pero Prat olvida también la naturaleza del solar ibero, por no tener en cuenta el proceso de su formación.
Almirall y Prat olvidan que en España no hay problema de armonía de la unidad y la variedad, ya que las distintas personalidades morales -regiones- son miembros de la misma familia y por lo tanto la armonía de la unidad con la variedad está en la misma naturaleza. Y la fórmula la tenemos en la organización sindicalista, aunque sus grandes organizaciones se llaman federaciones o confederaciones indebidamente, puesto que su estructura no responde al verdadero concepto de federación. En las organizaciones sindicales no hay más que una soberanía la de la totalidad de la organización, que es la que emana del sistema de principios que informa su constitución; este sistema de
principios es, a semejanza con las nacionalidades, la unidad de cultura. Los sindicatos y agrupaciones de sindicatos son personalidades morales con el maximun de atribuciones, dentro de su esfera especifica, con acomodación en bu estructura y táctica a las circunstancias locales, pero Sin rozar las facultades de soberanía que solo las ejerce la representación de la totalidad del partido. Y estructuran de esta forma su organización para acomodarla a la característica de la nacionalidad en que actúan. Aunque la imagen no sea perfecta, si constituye una aplicación práctica de la coexistencia de la variedad dentro de la unidad, sin tener que buscar fórmulas de armonía que no son necesarias cuando preexiste la misma naturaleza.
Estamos, por lo tanto, de perfecto acuerdo con la definición de autonomismo que da el maestro Ortega y Gasset: “El autonomismo es un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión. Dado ese Estado, el autonomismo propone que el ejercicio de ciertas funciones del Poder público -cuantas más mejor- se entregue por entero a órganos secundarios de aquel, sobre todo con base territorial.”
Pero esta definición es hija de su concepción meramente política del regionalismo y, por lo tanto, resulta fría. “Yo no pido la organización de España en regiones por razones de pretérito sino por razones de futuro”.
No: el futuro ha de ser fecundado por el presente, que fue fecundado así mismo por el pasado. Nosotros pedimos la organización de España en regiones por razones de naturaleza física, por razones de historia, por razones de sentimiento, para que el alma nacional tenga desenvolvimiento según su propia naturaleza espiritual.
¿Dónde está el separatismo? ¿No se convencen, aún, los unitaristas a ultranza que, por pereza mental, se mantienen inconmovibles en la rutina de que nosotros somos también unitarios, con la diferencia de que queremos unidad y libertad?
------------
La hora había de llegar y llegó. Por imperio de la naturaleza. Desde hace varios años –dice Ortega y Gasset- doy voces de alerta de que venía sobre España, quisiéramos o no, la necesidad de una reforma profunda para nuestra vida pública. Yo también, señores, alcé mi pobre voz en el mismo sentido y advertí a Extremadura para que se preparara. Pero para España el futuro no existe o no existió y empeñada en vivir en presente se le echan encima los problemas con agobiadora urgencia.
Y llegó su hora la regionalismo. Y no admite aplazamiento, porque regiones con fuerte personalidad exigen su solución, habiendo llegado, por ello, a plantearse el problema con carácter general. Hemos, por lo tanto, de resolverlo todos y Extremadura, quiera o no, ha de decidirse sobre el mismo en esta hora. Ved, pues, que no son estas manifestaciones, ni estos actos, ni la labor de la Comisión pro Estatuto, actuación de impacientes, sino, por el contrario, llamadas a la reflexión para que abordemos el problema resultante, sino queremos se arrollados por el mismo. Las corrientes políticas son ríos de fuerza incontrolable: ante ellas hay que colocarse en posición de ser fertilizados por sus aguas, pues, los obstáculos son arrastrados o sumergidos.
O sentimos el imperio de nuestra propia personalidad, siendo notros mismos y para nosotros mismos, siendo ley y señores de nosotros mismos, o continuar sin yo atados al carro de Castilla en perpetuo provincialismo.
El provincialismo, he aquí la clave de nuestra incuria, palabra que concreta todo un sistema político que engendra la restauración con su artificio representativo en falseamiento constante del sufragio, del que nacen las oligarquías usufructuarias del poder en turno convenido que nos lleva a Cavite y a Annual y que en definitiva derrumba la Monarquía. Provincialismo: Marca de esclavo; privilegio y arbitrariedad, preferidos y cenicientos, injusticia, en suma, que ha originado la actual perturbación político-social y que es deber de todos hacer que se resuelva por vías de prosperidad y de justicia.
El provincialismo, dice Prat de la Riva, lo origina una concepción puramente mecánica del Estado y la organización social: el Estado es una máquina, algo inorgánico, inanimado como un conjunto de pedazos de hierro, de ruedas y palancas que una voluntad mueve y combina a su placer, era la clásica nave de las comparaciones retóricas. Dentro de esta concepción del Estado la provincia no tiene sustancia propia, no es nada, ni una parte siquiera; es un trozo, es un fragmento: lucha desesperadamente para que no le quiten una Capitanía General, para que no le toquen una Audiencia, o no le dejen sin tal o cual Comandancia, Escuela militar o Fábrica de tabacos. Gime en perenne mendicación en las gradas del monumento del gran Estado, en eterna pobreza de espíritu, teniendo como polo de aspiraciones la limosna de una mejora local concedida por la sola liberalidad de la Administración.
Y en esta hora de atormentadoras preocupaciones, en las que los problemas económico-sociales se levantan como amenazadores fantasmas.¿Qué soluciones ofrece el provincialismo, ni con qué energías va a luchar, si él es algo caduco minado por todas las taras de la degeneración?.
Yo creo, señores, que la causa del fracaso del capitalismo está en su materialismo. Y que igualmente se inicia el fracaso del socialismo, por tener su principio filosófico en la concepción materialista de la historia. Ambos, además, han tenido una universalización absoluta (Mancha de aceite). El capitalismo por expansión ilimitada del crédito ha llegado a forjar un artificio de Babel que subió más alto que a donde los medios de la técnica podían alcanzar, sobreviniendo la confusión de esta hora que sume a Europa en la más espantosa de las tragedias. La organización socialista al universalizarse, sin principio espiritual lo debidamente consistente, engendró divisiones herejías y sectas y el grito de Marx ¡trabajadores de todos los países uníos! Se ha convertido en guerra furiosa entre las distintas comuniones que aspiran a dirigir la masa proletaria en la lucha de clases.
Y es que la solución de la lucha entre el capital y el trabajo ha de ser la armonía como lo fue la de todos los grandes dualismos que registra la historia, por medio de una síntesis. Síntesis de justicia y amor.
Pero para ello es incapaz el capitalismo tal y como está organizado: hay que reducir sus proporciones monstruosas y humanizarlo. Y para esto hay que adaptarlo a las circunstancias morales de los pueblos, haciendo que las economías sean de las manifestaciones de su espíritu, fruto legítimo de su pensar y sentir, verdadera esencia de su yo. La economía, entonces, llevará en sí la espiritualidad que le es precisa, que se ala sal que evite su descomposición.
Hay que hacer economías nacionales propias en España, señores, que como hemos visto su característica es la diversidad dentro de la unidad, cada región ha de forjar su propia economía en engarce natural con la economía nacional.
Pero, para ello, es preciso aquella libertado de gobierno indispensable, dar a la personalidad regional los atributos que le son propios. Y, entonces, será posible la humanización y espiritualización de la riqueza, del capital. Será posible la armonía de los factores en lucha que intervienen en la producción, porque esta responderá a un sentir, a un ideal y ese sentir y ese ideal serán el lazo de unión, la fuerza de gravedad, el vínculo moral, en suma, que unirá a los hombres en una misma comunión que convierta los odios en caridad, las luchas en paz, los fragores de cataclismo que amenazan en armonías de paz y justicia.
Se ha repetido y se repite: Se legisla desde Madrid sin conocer los pueblos. Esta frase concreta otro de los males del provincialismo. Expresa la antinomia constante entre el Estado y la naturaleza nacional. Antinomia que nos ha llevado, en movimiento de péndulo, de la anarquía a la dictadura y de la dictadura a la anarquía. España es un país ingobernable, se dice también. No: España vive la tragedia íntima de la nación en que el Estado dicta normas jurídicas que no pueden tener cumplimiento.
Hoy nos encontramos ante un caso: la futura reforma agraria. El agro español tiene una diversidad casi infinita. La ley se dicta para Andalucía y Extremadura, principalmente. Pues bien, los agros no son iguales por circunstancias de naturaleza y morales. Los tipos de explotación no son los mismos, las costumbres no son las mismas, el alma del agro, en una palabra, no es la misma. Por eso, la ley, al ejecutarse, tendrá necesariamente que amoldarse a las características del medio, sino, existe antinomia entre el precepto y el medio -que ha de existir- y, por tanto, la ley quedará deformada, falseada o incumplida, en cualquier caso existirá un fracaso de la misma parcial o total. Pero que más, si la diversidad del agro existe aun dentro de Extremadura y aún dentro de mi provincia existen diversidades fundamentales! Pero la ley de un Estado centralista no puede descender a casuismos, por incapacidad de sus órganos, que no están estructurados para ello ni pueden estarlo.
Estos conflictos no se darían si las regiones estuvieran capacitadas para organizar su economía en todos aquellos aspectos que le son propios. Nosotros después de las investigaciones científicas y de los estudios técnicos precisos, organizaríamos la nuestra con pleno conocimiento de los problemas y de las cosas que da el vivirlos. Con la fe, con el entusiasmo, con el fervor, con la emoción, con la inquietud que se pone en todo aquello que es parte de nuestra vida, como es el forjarse el propio porvenir. Estructuraríamos nuestra producción con la medida exacta, con el ajuste preciso entre distintas riquezas; dando el debido predominio a la pecuaria sobre la propiamente agrícola, allí donde las condiciones del medio así lo mandan; armonizando ambas con la forestal y completándolas con las industrias derivadas indispensables, como la elaboración de corcho, por ejemplo, hoy en manos de los catalanes. Cito esta como caso típico, pues el detallar sería interminable. Haría el aprovechamiento debido de nuestros ríos, de las riquezas del subsuelo. Y acomodaríamos a todo, intensificándolos, nuestros medios de transporte. Y todo ello sin codicias de explotaciones gigantes, sin afanes de imperialismo mercantil: sino solamente para hallar la fórmula de nuestro bienestar en un ambiente de paz y de justicia.
Y no hay, no puede haber, no debe haber precepto jurídico, por muy elevado que parezca, que obligue a que esas regiones hayan de ligar su suerte a las demás de una manera absoluta, que unas regiones hayan de permanecer en espera obligada en la propulsión de su prosperidad y que por ello se den casos de cenicientas de por vida.
Como igualmente no debe ser que el rasero jurídico del unitarismo legal haga que las perturbaciones sociales se extiendan sin valla ni obstáculo por todo el área nacional, cuando, si las personalidades regionales llegaran a su completa formación, esas perturbaciones encontrarían en su avance fronteras espirituales que en muchos casos detendrían la corriente, a modo de compartimentos estancos que evitan el naufragio de la nave cuando se abre una vía de agua en uno de sus costados.
Pero hay otro punto esencial y que a nosotros nos afecta de una manera inmediata y que dada su transcendencia entraña para nosotros tremenda responsabilidad. Me refiero al iberismo. El iberismo que debe constituir el gran ideal de España. No el iberismo en la forma y extensión que preconiza Prat de la Riva. Sino más modestamente, pero más espiritualmente y por tanto con más jugo de cordialidad. Nuestro iberismo se reduce a que la hermana Portugal se reintegre al fraternalismo hispano para completar la individualidad geográfica peninsular. La unidad de raza -aunque con variedades en el espesor de los estratos étnicos- que se extiende desde el cabo Peñas a la punta de Tarifa y desde el cabo de Creus al de Espichel.
Ideal que si lo es todo en orden a la recuperación de la grandeza que perdimos, para nosotros, para las regiones de occidente sin acceso al mar, es algo tan vital que puede cambiar por completo las posibilidades de nuestro progreso. A cualquiera se le alcanza la importancia enorme que en el orden económico tendría para este occidente, constreñido, arrinconado en uno de los angulos del arca de la meseta, la sola implantación de una inteligencia aduanera y la orientación de nuestras comunicaciones al puerto de Lisboa, eso aparte de una fraternidad mercantil.
Pero para intentar esa fraternidad es necesario que desaparezca todo temor asimilista, todo temor de hegemonía: el autonomismo sería la prueba.
A nosotros más que nadie corresponde propulsar ese abrazo fraterno. Pero para ello Extremadura ha de sentirse dueña de su yo.
----------
¡Extremadura dueña de si misma! ¿Pero, qué Extremadura tiene existencia propia como entidad regional?¿Es la Extremadura actual una unidad histórica, con territorio homogeneizado por nombres todos de la misma raigambre, con tradiciones comunes sobre las que asentar comunes aspiraciones?¿No será todo mimetismo propio del momento político español?
Con estas o parecidas interrogaciones se ha tratado de poner un valladar de escepticismo a las primeras voces de nuestro resurgimiento regional.
Con los mismos antecedentes geográficos-históricos, otros afirman la existencia de una zona extremeña perfectamente definida, en la que se hallan testimonios fehacientes que demuestran la existencia de una civilización localizada, arcaica, preibérica. Y se marcan fronteras lingüísticas, por la fonética, por el vocabulario y construcción gramatical y se hace destacar un arte extremeño. Yo, señores, no he de intervenir en estas disquisiciones, no tengo preparación.
Sin embargo, yo me atrevo a formular el siguiente punto de meditación: ¿tiene Extremadura una lengua, un derecho, un arte …? No. Entonces podrá negársenos el nacionalismo. Creo que a nadie se le haya pasado por la tela del juicio postulado semejante. ¿Tiene Extremadura un carácter, un pensamiento, un espíritu que le es propio? Si. Porque manifestación de ese espíritu es su modalidad lingüística, son huellas de la raza a través de la historia, son lo subconsciente sus costumbres, sus tradiciones, su psicología. Por que todo ello tiene como origen prístino el granito primitivo de la raza autóctona, sin inoculaciones de sangre de otras razas. Yo desconozco nuestra prehistoria, pero es fijo que si se socavara se llegaría a ese granito primitivo. (Costa)
Pero esto no hace al caso: supongamos que Extremadura debe su existencia solamente al prestigio de su mote a través de los siglos; ello sería suficiente a los efectos de título a ostentar para la organización de España en regiones por razones de futuro.
Mas se ha dicho por un hombre de cátedra de mi provincia, que Cáceres es el avance meridional de la expansión leonesa y que estuvo siempre cerrado a las influencias meridionales, como si las sierras de S. Pedro, Guadalupe y Montánchez constituyeran un infranqueable valladar a las influencias del Sur. Badajoz, por el contrario, dice, se une a lo meridional con tal fuerza que lo andaluz ya transpira en las poblaciones de su límite septentrional. ¿Qué es Mérida sino un pueblo andaluz como otro cualquiera? Y en ella el arabismo de tipo y de raza e incluso de arquitectura se acentúa, pues hasta las torres de sus pueblos son hijas de la Giralda. Y brindo estas afirmaciones a los doctos para que, en el orden científico que yo no puedo tocar, las contrasten y sometan a debida crítica. Pero en terreno de los hechos yo digo que esa afirmación no es cierta y los hechos y la ciencia no han de contradecirse. Pues, también tiende al andalucismo Trujillo y nadie podrá negar que la semejanza entre Cáceres y Badajoz es infinitamente mayor que entre Cáceres y Salamanca. El avance leonés será cierto a los efectos históricos; es una de las vicisitudes de la reconquista, pero sin transcendencia definitiva en el orden etnográfico, lingüístico y psicológico. !Pero que más, señores, si los pueblos del partido de Navalmoral, enclavados en el Campo Arañuelo, que es un enclave del llano toledano en mi provincia, están situados a una distancia de diez y menos kilómetros de los de Toledo y se aprecian marcadamente las diferencias fonéticas, de costumbres, de trajes, de carácter, etc. Y esta es la delimitación menos justificada por accidentes geográficos. ¿En cambio, que diferencias, verdaderamente acusadas encontramos en los límites de Cáceres y Badajoz?. Diferencias en las cadencias en el vestir típico, pero todo ello en una gradación armónica: se van sucediendo las isotermas psicológicas de grado en grado, para que tenga enlace perfecto la serenidad castellana con la pasión andaluza. Esa es precisamente nuestra característica, personalísima, única.
Pero conviene afirmar nuestras semejanzas y conviene rebatir las afirmaciones de disparidad y más cuando se las trata de avalar con razonamientos científicos, porque pudieran tener influencia enorme para retardar la formación robusta de la personalidad extremeña. Como conviene, también, que examinemos la causa subconsciente de la existencia de estas manifestaciones en contra. Ya decía al principio que entre las dos provincias existen sombras de desvío recelos. Como es cierto que entre Cáceres y Badajoz no existe la compenetración que debiera existir: su comunicación esta casi interrumpida. A ello creo yo que es debido el que algunos espíritus selectos de mi provincia se haya manifestado en esta hora en un sentido provincialista verdaderamente absurdo, con una visión pequeñísima del problema: porque antes de nada les ha asaltado el temor de que Cáceres fuera absorbida por Badajoz, considerando que habrá de procurar para sí la hegemonía. Y antes esto ha surgido el problema que constituye su máxima inquietud, el de capital regional. Con el consiguiente perjuicio para los intereses particulares organizados al amparo de la capitalidad provincial, que creen quedaría mediatizada.
Esta es una cuestión, señores, que aún no ha volando más que a ras de tierra, es necesario tener muy en cuenta, porque el área de la realidad es así y mientras no se llegue a una fraternización intensa no podemos avanzar en el camino de la afirmación regional.
Y me asalta el temor de que el hecho de que este movimiento se haya concentrado en Badajoz principalmente, puede producir en Cáceres capital dolores de preterición, que pudieran polarizar en actitudes de despecho. Y no es que venga aquí a presentar un capítulo de cargos, no: no solamente no los merecéis, sino que merecéis el agradecimiento de Extremadura. Aparte de que yo soy de los que dicen: ¿Cáceres o Badajoz? Extremadura. He venido, precisamente, a decir aquí: ¡hermanos!. Pero a decir, también, que es necesario que se manifieste esa fraternidad plena de hechos y que es imprescindible realizar actos de intensificación de esa fraternidad.
Y no creáis que en mi provincia no existe un intenso sentimiento regional, cuajado en lo más hondo de su entraña. Yo la he recorrido, en fecha reciente, auscultando su sentir político y encontré un rico venero regionalista, un afán noble de ser de nosotros y para nosotros, un ansia de yo, que era un clamor de justicia, verdadera condenación de nombres y sistemas que, durante tanto tiempo, la convirtieron, con marca de esclavo, en predio parcelable y repartible para satisfacción de vanidades y concupiscencias.
Adivino una observación: ¿y el resultado de las últimas elecciones?, se dirá. Efectivamente, cunerismo. Pero está muy cerca la fecha para historiar ese acontecimiento con plena serenidad objetiva. Corramos un velo. No hace al caso de nuestro asunto.
Pues bien, esos ricos veneros de sentimiento regional que encontramos en pueblos y aldeas, surgiendo de la entraña misma de la roca extremeña, es necesario alumbrarlos y encauzarlos, para que sea fuente de energía.
Esa, señores, es a mi entender la primera labor a realizar. Y una vez que tengamos una fuerte corriente de opinión, consciente de sí misma, será llegada la hora de que presentemos el memorial de lo que constituyen nuestras aspiraciones, concretadas en el correspondiente estatuto.
Y hay que tener presente en esta labor, como tuvieron los catalanes, que no se hace con simetría las transformaciones de los pueblos. Comienzan por los círculos superiores de la vida social y después irradian en ondas concéntricas hasta las capas más hondas. No creemos exacta esta tesis, pero la consideramos luminosa como orientación en el plan a seguir, para conseguir que el sentimiento

Comentarios
Publicar un comentario